La adolescencia y la gestión emocional.

La Adolescencia y la gestión emocional
Xavier R. Gestión Emocional enero 30, 2022

La vida de una persona que presenta un trastorno límite de la personalidad puede resultar abrumadora y difícil de manejar. Cuando surge en la etapa de la adolescencia las dificultades pueden ser mayores para la persona y su familia.

En ocasiones es posible que haya un diagnosticado reciente y que incluso acepte dicho diagnóstico, pero esto no cambia que le resulte difícil administrar su vida de una manera en la que se sienta satisfecha. 

La etapa de la adolescencia supone numerosos cambios a diferentes niveles donde la persona adolescente intenta desarrollar una mayor autonomía y donde su comportamiento, acciones, pensamiento o sentimientos puedan generar verse inmerso en situaciones desconocidas, difíciles y problemas que experimentará por primera vez.

Ser adolescente es complicado y si además la persona presenta una afección emocional como un trastorno de personalidad enfrentarse a los cambios, sentimientos de falta de autocontrol, y gestionar los de manera saludable hace este periodo mucho más difícil.

Cuando observamos rasgos o síntomas acervados en sus comportamientos quizás es importante analizarlos detenidamente y ver cómo estos están afectando en diferentes partes de su vida.

La existencia de problemas para desenvolverse en sus relaciones interpersonales o dificultades en dichas relaciones cuando intenta establecerlas, quizás pueda existir un determinado miedo intenso al abandono, al fracaso, la angustia de interaccionar, creencias exageradas o irracionales que puedan hacer sentir a la persona “al límite”, como si todo pendiera de un hilo y fuera el fin del mundo para la persona.

Muchas veces la persona adolescente que está viviendo este constante sufrimiento que provoca que se cuestione todo lo que sucede a su alrededor, preguntándose porque los demás pueden lidiar con aquello que para ella está siendo imposible o no tienen que “luchar” de la manera que ella lo está haciendo. 

Cada persona es diferente y los rasgos que se observen también lo pueden ser. Así estos diferentes rasgos generarán diversas formas de expresar sus emociones, las cuales tenderán a ser muy intensas, a cambiar con frecuencia a lo largo de un mismo día e incluso quizás en ocasiones autodestructivas. En ocasiones incluso quizás puedan surgir problemas, aparentemente menores, pero que provoquen que se vivan a limite.

Existen así personas, que aunque a nivel físico presentan aspectos comunes (náuseas, ansiedad, dolor en el pecho, agitación o temblores, hormigueos en la piel entre otros) expresan y gestionan emocionalmente situaciones de diferente modo. Aquellas que expulsan su malestar de manera impulsiva “hacia fuera” y otras que “hacia dentro”, procesando las emociones en sí misma, sin decir nada a nadie y sintiendo que la vivencia abrumadora que realiza de dichas emociones no tiene salida.

Cuando surgen situaciones difíciles en su vida que no entienden o les bloquean es común en ambos casos una gran sensibilidad, la sensación de dolor inmenso, agotador. El sentimiento de “tranquilidad-intranquila”, de vergüenza, fracaso, frustración o explosiones de ira, desconcierto o de profundo vacío es también algo que ocurre a ambos tipos de personas. De uno u otro modo ambos tipos de personas intentan desconectarse de la realidad que están viviendo para “evitar” su evidente malestar.

Es importante y necesario recordar que el TLP no es quien ellos son. La persona deber repetirse “El TLP NO es quien yo soy”. La persona deberá generar conocimiento que le facilite separarse de dichos comportamientos impulsivos, gestionarlos para reducir dichos sentimientos y emociones intensas.

Aborda el comportamiento autodestructivo y tratar maneras de romper con este, será necesario desarrollar diferentes herramientas de autoconciencia que consigan una autoimagen más clara o constante, regulación emocional, tolerancia de la sensación de angustia o vacío y una mayor capacidad de establecer relaciones interpersonales de manera saludable. 

Maximizar su autoconocimiento, las capacidades de la persona, el disfrute y la conexión con diferentes actividades saludables, conseguir un mayor autocontrol emocional que desatienda aquello que no dependa de ella y si aquello que pueda hacer para estar mejor siendo más crítico (sin juzgarse a sí mismo y si la situación) y menos reactivo

Cada persona es diferente, la construcción o momento evolutivo de su personalidad también como lo son sus necesidades y por ello encontrar un espacio terapéutico de ayuda seguro, de confianza, donde los adolescentes pueden comenzar a construir una personalidad más saludable y adquirir diferentes herramientas para solucionar sus problemas de relación.

Una red de apoyo emocional sólida, validante y segura facilitará el progreso de la persona de manera más activa en diferentes niveles (familiar, social, terapéutico, etc.).

Las posibilidades de vivir una vida exitosa y significativa son claras cuando la persona realiza un proceso de desarrollo que atienda a una mejor regulación emocional de su vida.

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