SURFEANDO LAS OLAS MENTALES

xabi Blog enero 20, 2019

Imaginar la mente puede ser como visualizar el océano: con sus mares, mareas, sus costas, incluida cada especie animal y los medios de transporte.

La mayor parte del tiempo vivimos de modo que sólo somos conscientes de la superficie de la mente y como en el océano, puede aparecer una ola gigantesca, envolvernos en la euforia que nos permite surfear su cresta y acabar estrellándonos contra una roca. Pero la mente (igual que el océano) es mucho más inmensa que eso y por muchas olas que surjan en la superficie, las profundidades siempre permanecerán en calma, inalterables.

La Mentalización y el Mindfulness están muy relacionados y sus objetivos se solapan en cuanto a que ambos implican conocer e indagar en los estados mentales propios e intentan imaginar el de las otras personas. Cuando comenzamos este proceso de autodescubrimiento, lo primero que aprendemos es que la naturaleza de la mente es bastante más inestable de lo que podíamos pensar y que los errores son más comunes de lo esperado a la hora de atribuir emociones o estados mentales al resto de las personas. También observamos que no es fácil mantener la atención momento a momento a un mismo estímulo y que la memoria falla. Comprendiendo las limitaciones de nuestros procesos mentales y dándonos cuenta que la mayoría de las personas las comparten, los despistes de las demás personas y sus olvidos o desplantes dejan de tener un estatus tan personal y los conflictos interpersonales disminuyen en muchos aspectos.

Es común en esta sociedad encontrar personas (profesores, familiares, televisión, “amistades”) que nos influencian desde la rigidez, la perfección y las falsas expectativas de que las cosas deberían ser de determinada manera. Todo ello, repercute en la construcción de mapas mentales propios de como funciona o nosotros creemos que debería funcionar el mundo.

Entonces, cuando en los mapas mentales de dos o varias personas encontramos aspectos rígidos que promueven expectativas discordantes e importantes para la experiencia subjetiva compartida, surge un conflicto, que podrá ser manejado dependiendo de nuestra capacidad de respuesta.

En este punto la Mentalización y el Mindfulness juegan un papel esencial. Aunque no vamos a profundizar en los mecanismos ni utilidades específicas de cada uno, podemos decir que el Mindfulness nos ayuda a energizar la mente y mantenerla atenta observando imperturbable la marejada, mientras la Mentalización, nos permite encontrar las mejores alternativas de respuesta.

Cuando empezamos a observar la manera en la que esa gran mente colectiva en la que compartimos muchos aspectos socioculturales nos conecta, al igual que el océano conecta corrientes, mares, islas y continentes, empezamos a poder comprender los puntos de vista de las otras personas, sus condicionamientos fruto de sus historias pasadas y presentes, sus fortalezas y limitaciones e incluso como la propia constitución genética ha podido influir en el desarrollo psíquico de las demás personas.

Aceptar y dar sentido a las limitaciones humanas, puede evitar mucho rencor y sufrimiento, porque nos facilita la labor de poner en perspectiva lo que sucede, acercarnos a las personas con las que nos sentiremos mejor, cerrar de manera saludable aquellas relaciones que nos causan sufrimiento y mejorar la gestión de aquellas otras con las que tenemos que seguir conviviendo, de este modo, podremos observar las tranquilas aguas de las profundidades del océano a la vez que surfeamos la euforia emocional de las olas.

A fin de cuentas, el odio, el rencor, la tristeza, la ansiedad e incluso el miedo, son como una brújula que nos focaliza hacia algún aspecto no resuelto de nuestra experiencia subjetiva y en esto, dichas emociones son muy útiles y beneficiosas, pero una vez recibidas las indicaciones, ¿de que nos sirve mantener una y otra vez a lo largo del tiempo, en algunos casos en niveles desproporcionados, los mismos tipos de emociones, que por los mismos tipos de situaciones nos han causado tanta desdicha?

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