La Validación Emocional.

xabi Blog octubre 26, 2018

Las personas con TLP tienen dificultades para regular sus emociones. Presentan una vulnerabilidad emocional y respuestas inadecuadas en su expresión. No fingen o engañan con sus emociones sino que es algo sufrido e incontrolable.

Puede ocurrir que aquella persona diagnosticada con un trastorno de personalidad no quiera que se le ayude, niegue su enfermedad y culpe a las personas más cercanas de sus terribles cambios emocionales. Una situación difícil para las personas que queriendo ayudar a su hijo, hija, hermano, hermana, pareja, etc. están desconcertadas.

Una respuesta emocionalmente validante, en estos complicados momentos, se convierte en una estrategia que puede ayudar no solo a la familia sino a esa persona querida.

La validación emocional es una herramienta para entender, asimilar y aceptar la vivencia emocional de la persona que la experimenta. Lo contrario podría ser percibido por la persona afectada como si la rechazásemos, desatendiésemos o juzgásemos.

Cuando validamos la emoción que está viviendo la persona que está delante, empatizamos con ella, comunicamos que entendemos que puede estar enfadada, triste o tener miedo sin tratar de desatenderla. Esta aceptación implica ser consciente de que la otra persona está sufriendo, se encuentra mal. Esta actuación no quiere decir que estemos de acuerdo con la otra persona o con la vivencia de una determinada situación, ni tampoco lo estamos justificando sino que reconocemos lo que estamos viendo en ese momento en nuestro ser querido.

Aquí estamos identificando y señalando junto a ella lo que está mostrándonos. Si nos muestra rabia, ira o verbaliza frustración lo que hacemos es reconocer que está enfadada; “Entiendo que estas enfadada”. Si dudamos, podremos preguntar para asegurarnos (“Pareces muy enfadada, ¿Es lo que te está pasando?”) y así reconocer y afirmar lo que vemos.

Muchas veces esta atención al estado emocional que presenta la persona afectada puede ayudar a rebajar la tensión que está viviendo y puede dejarnos paso para avanzar y poder señalar la fuente desencadenante de dicha emoción. Saber si la persona afectada conoce o no qué es lo que provocó ese sentimiento que estamos observando puede influir de manera positiva en nuestro proceso de ayuda.

Cuando es capaz de señalar y trasladar la fuente de su distrés nos puede parecer que ha sido “magnificada” y podríamos caer en una invalidación mediante un juicio sobre su vivencia. De nuevo, validar la emoción que evidencia podrá favorecer una aceptación del sentimiento de la persona afectada.

Este proceso atencional sobre el que nos apoyamos podrá ayudar a las persona a regular sus emociones, no hará que el sentimiento desaparezca de una manera repentina, pero cuando reconocemos su sufrimiento y la preocupación sobre su realidad estamos validándoles, las personas afectadas podrán sentir que las entendemos.

Es importante recordar que ninguna persona quiere: estar sufriendo todos los días, depender totalmente de alguien, “manipular” y encerrarse en su cama durante semanas o lesionarse para luego ingresar en urgencias.

Una persona afectada por un trastorno límite de personalidad QUIERE mejorar, pero sumida en el desconcierto y en un continuo sufrimiento carece de las habilidades para hacer frente a lo que las demás personas damos por sentado.

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