¿Cómo es la convivencia familiar con un paciente con trastorno borderline?

El Trastrono de personalidad - Avati
xabi Blog, portada junio 3, 2018

Vivir con un familiar con trastorno borderline no es fácil empresa y puede convertirse en una carga mayor que la de asumir el cuidado de un familiar con una enfermedad física grave. Los familiares suelen expresar con frecuencia sentimientos de:
– Ansiedad y miedo, especialmente ante las conductas más arriesgadas que entrañan peligro físico real o ante los comportamientos autodestructivos.
– Rabia, en respuesta a los roces que surgen en la convivencia diaria (ej. En respuesta a ataques de ira de los pacientes o las acusaciones o recriminaciones frecuentes)
– Estigma/aislamiento, cuando los familiares viven por y para el familiar que presenta el trastorno, intentando resolver crisis tras crisis, abandonando amigos y relaciones sociales.

En nuestra experiencia, los familiares de los pacientes con trastorno borderline llegan a la consulta cansados y muy escépticos y, a menudo, sus contactos con los servicios de salud mental resultan frustrantes. Esto se debe en parte a las dificultades que el propio trastorno entraña sobre todo, dificultades en el establecimiento de un diagnóstico y en el tratamiento.

También puede ocurrir que tanto los familiares como los pacientes, esperen de los profesionales unas intervenciones cuyos efectos sean rápidos y alcanzables sin grandes esfuerzos; sin embargo, los tratamientos del trastorno límite son complejos y sus frutos tardíos. No hay duda de que las personas que actúan como cuidadoras  que llevan a cabo su actividad en el domicilio de la persona afectada se encuentran sometidos a una situación estresante y a un peligro de desbordamiento y agotamiento de sus recursos, que puede repercutir no sólo en su propia salud sino
también en el estado de ánimo y en la modificación de los umbrales de percepción del sufrimiento y del dolor del enfermo con el cual se encuentran en continua interacción.

Por lo general, las personas afectadas de TLP dependen de sus familiares en muchas, o casi todas, las facetas de su vida. Así, en muchos casos, las familias se ven inmersas en situaciones que no son capaces de afrontar por sí solos, situaciones que sobre todo despiertan muchísimos sentimientos de culpabilidad, fracaso como padres, frustración, así como sintomatología ansioso-depresiva.

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